5.12.12

A buscar chante...

02 Octubre 2007

Ese martes, apenas un día después de haber ido a la reunión, regresé temprano a Rouen en busca de un lugar donde quedarme los próximos dos días. Por un lado el miércoles tenía que estar en el IUFM para lo que sería mi primer día como asistente y segundo tenía que buscar solución a mi situación de alojamiento. Al comprar el boleto en Saint Lazare terminé con uno más barato que el lunes, no entendía porque. Pero posiblemente fue por mi respuesta positiva a la pregunta del vendedor que no entendí.

Tenía horas deambulando por las calles de Rouen, pasando esquinas, personas, casas, negocios buscando un hotel que pudiera pagar. Como estaba más que todo caminando en círculos me sentaba por ratos en el Square Verdel un pequeño parque cercano a la Gare y frente al Musée de Beaux-Arts de Rouen. Ahí, veía un par de cisnes moverse sobre el agua suavemente. Claro, mi segundo día aquí y ni curiosidad me daba por saber que edificio era ese en el que muchos entraban y salían.

Logré encontrar un lugar barato, el cuarto de 32 euros la noche estaba en un primer piso sobre la RUE JEAN LECANUET a unos pasos de mi parque. Las escaleras estrechas y oscuras daban al cuarto pequeño con paredes blancas o más bien ya tirando a un color amarillento. La puerta estaba en una esquina, la cama grande a mano derecha de la entrada y a los pies de la misma sobre un soporte de pared un pequeño televisor con mala imagen y mucho volumen. El baño era pequeño pero por lo menos aparentaba estar limpio. Dos ventanas que daban a la calle que en ese momento no conocía, pero después me daría cuenta que es una de las calles principales en Rouen junto con la que la cruza a unos 20 metros del hotel, la RUE JEANNE d’ARC.

Ya eran como las cuatro de la tarde y me fui al parque otra vez. De un teléfono público llamé a Gustavo y Lili para dejarles saber que todo estaba bien. Decidí caminar un poco más ya que lo poco que andaba lo había dejado en el cuarto. No tenía ni la menor idea de por donde caminaba, pero si por lo menos ya no era en círculos. Exploré otros lados del centro donde no había estado antes, creo. Encontré un café internet y pedí una computadora para escribir un par de correos. A los minutos de estar ahí caí en cuenta de que la hora salía a tres mil colones, decidí entonces dejar de convertir todo precio a colones, eso no sería bueno para mi mente ni tranquilidad económica.

Comenzaba el sol a cansarse y yo también, además de sentir los dolores del hambre haciendo estragos en mi panza. Buscando donde comer y viendo los precios de los restaurantes me quería inclinar por tomar agua y dormirme inmediatamente. Traté de no perder la esperanza y logré dar con una de las comidas que más falta me harán cuando esté de regreso en Costa Rica. El “restaurant”, era en realidad un pequeño espacio incrustado en un edificio, medio garaje si al caso. El señor que atendía era de algún lado del medio oriente y su acento bastante marcado. La señora que le acompañaba ni siquiera me alzaba a ver ¿Qué puede preguntar un tico casi mudo en el nuevo idioma que se entienda? Hablaron entre sí en su idioma y debieron notar mi cara de hambre y desorientación. Me preguntó él si quería comer y sus manos se movían haciendo un gesto para que se entendiera con claridad lo que quería saber. Entendí y le respondí que si y mis palabras fluyeron un poco más. Sin embargo no sabía como preguntar que era eso que veían mis ojos y parecía delicioso. Luego de unos segundos comprendí que el señor me dijo que no me preocupara, que me garantizaba que me iba a gustar. Saqué unos euros para pagar por mi primera cena en mi nueva ciudad. Para llevar, por favor y me marché dándole las gracias.

Ahora que había solucionado el problema de la comida, tenía otro, ¿dónde estaba el hotel? No podía hacer el mismo recorrido de regreso, tardaría horas. Debía recortar camino, pero, ¿por donde? Creo que a partir de ese momento se me despertó el sentido de ubicación y media hora después estaba de regreso en el cuarto, casi sin fuerzas y famélico. Estaba frio aquel plato nuevo para mí, pero aun así estaba delicioso, deseaba tener otro para volver a saborear tan jugosa carne y ese pan suave y redondo más grueso que una tortilla. Sería el hambre y las ganas de comer que tenía pero en mi mente le decía al señor que tuvo razón, que no me arrepentí de probar tan delicioso KEBAP.

Después de comer vi un poco de tele. Quería dormir y lo intenté sin éxito alguno. Me levanté y asomé medio cuerpo por la ventana y vi dos muchachas pasar, reír y reír hasta perderse entre la niebla por la esquina. De regreso en la cama de sabanas blancas daba vueltas y más vueltas y así pasé varias horas pensando en muchas cosas, la incertidumbre no me dejaba cerrar los ojos. Necesitaba obligarme a dormir, en unas horas tendría que estar en el IUFM para mi primer día de trabajo.

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