Me levanté con la oscuridad de la madrugada y salí del hotel para tomar el bus línea cuatro hacia l’IUFM. Tenía que verme con el profesor que estaría a cargo de mí mientras ahí laborara.
Se veía joven, de hecho, yo debía ser mayor que él o a lo mejor las apariencias engañan y su corta estatura no le ayudaba. Se notaba serio y callado, pero me ayudó pacientemente con todo lo que me fuese a hacer mi vida más fácil durante mi tiempo ahí. Me ayudó prácticamente con todo lo concerniente al lugar, donde comer, donde estaba la sala de profesores, me mostró el casillero compartido de los asistentes y me consiguió la clave para usar la computadora.