13.8.12

6 Trocadéro

Se está en el lugar deseado y en el momento justo cuando se sabe muy dentro que no se necesita nada más…y sólo se puede dar gracias y más gracias…

Depuis la tour...Paris


Rugby Worldcup 2007
Línea 6 hacia Trocadéro, sentido contrario que hace unas horas. No cabía en mi mente qué estaba a unos minutos de ver el icono francés por excelencia, el monumento tal vez más celebre de todo el mundo, el más reconocido.  Un mar de gente en esa estación, apenas si podía ver a Gustavo que ya experto se escurría entre los cuerpos abrigados que iban y venían apresurados y mal encarados. Roberto y yo le seguíamos el paso lo mejor que podíamos. Eternos los escalones a la superficie, quería volar. Saliendo de las inteminables escaleras que daban hacía la calle, a mi izquierda, ante mis ojos que la creían una ilusión, la Tour Eiffel. 

Verdaderamente enorme, majestuosa, única. Sonreía lo más que podía, como chiquito en una chocolatería con deseo suicida de tener un coma diabético. La gente ya se había dispersado un poco, pero igual se sentía aglomerado en la Place du Trocadéro. Justo en esos días se estaba celebrando el campeonato mundial de Rugby; así que además de ser uno de los monumentos más visitados, también había fanáticos del deporte ingles. Celebrando en un gran toldo de color blanco donde pasaban los partidos y vendían cerveza y la gente gritaba, lloraba y enojaba por su equipo.
  
Sí de lejos se ve grande de cerca no cabe la menor duda que lo es, mi nuca  pega con espalda cuando veo hacía arriba y ¿torcida? Debe ser una ilusión óptica, la torre no puede estar torcida. 

Aquí Gustavo se despedía para ir a trabajar en un restaurante ubicado a unos metros de L’arc du Triomphe, en otra palabras nos dejaba para que nos la jugáramos como conocedores de la ciudad.
-    
     - No se van a perder ¿verdad? Eso esperamos nosotros.

La fila
La gente hacía fila para pagar por la comodidad del elevador diagonal y no tener que subir  los 699 escalones hasta el segundo nivel. Para llegar al tercer nivel solamente por elevador y aceptaban cierta cantidad de personas a la vez (cien creo), por lo que llegar ahí era casi todo un reto y suerte ya que la mayoría de la gente hace de este su meta. Yo siendo uno de ellos que por esta vez sólo lograría subir al segundo nivel después de esperar más de una hora. El tercer piso estaba cerrado temporalmente a causa del viento. Que emoción, subirse al elevador y sentir el movimiento diagonal mientras comienza a ascender. Claro, nadie me dijo que la pared de vidrio que tenía justo al frente llegaba hasta el piso y cuando me percaté, del susto pegué un brinco hacía atrás ganándome unas cuantas malas caras de los turistas detrás de mi. ¡Polo!




...Polo
El elevador










 Paris es más impresionante, más hermosa, más brillante, el color blanco hueso de su arquitectura desaparece para dar paso a la inundación de luz artificial. Desde aquí solo se ve el cabello de la gente y uno que otro calvo también que camina como hormigas locas 150 metros más abajo. Los destellos de las cientos de fotos que se hacen cada minuto. De repente, la torre comenzaba a responder ante las fotos que le hacían de todo ángulo, cientos (o miles mejor dicho) de bombillas blancas se encendían y apagaban rápidamente imitando el flash de cientos de cámaras. Esto causaba una reacción de la gente que se apresuraba a captar el espectáculo y la cantidad de destellos aumentaba por todo lado.

150 metros
 
La Seine

 Ahí arriba, el factor viento cobraba una factura más cara y la noche le sumaba una parte también. Debía conseguir pronto un abrigo más grueso, más caliente. Y un par de guantes no estarían demás y tal vez una bufanda, solo por aquello.

Luego de unas horas de admiración, de luces, de la ciudad luz y sin saber que decir, bajamos y caminamos a orillas del Seine. Llegamos a una tienda esquinera donde Roberto me invitó a mi primer cerveza, en Paris, ahí hablamos un rato y luego encontramos unas escaleras bien colocadas que nos llevarían a la línea 6, que anteriormente Gustavo nos repitió 20 veces, que era la que teníamos que tomar hacía la parada de nombre Nation para regresar a casa.



¿Que más podría pedir? Primer día en Paris, excelente compañía, clima perfecto, la belleza de la ciudad aun por descubrir. Todo lo que faltaba por vivir, la incertidumbre de un porvenir que no sería fácil, único. No tenía ni la menor idea de cómo haría para sobrevivir los siguientes meses. No tenía donde alojarme, quienes eran las personas que estarían encargadas de mi, casi ni podía pronunciar el nombre de la ciudad donde iba, no sabía nada de nada…pero como no disfrutar de lo desconocido, de la incertidumbre. Agradecido, estaba, estoy, estaré. A Dios gracias.

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