30.10.11

4 rue de Taïti, Paris 12e

27 septiembre 2007

Tenía cerca de cuatro años de no ver a Gustavo (alias Gusten, así le decían cuando estuvo viviendo en Suecia durante un intercambio). El tiempo no hizo estragos en su persona o en la amistad, todo estaba igual que antes, siempre placentero y servicial. Entré al calor del apartamento de dos cuartos. Para mi sorpresa me encontré a Roberto acostado en la cama. El mundo es una isla muy, pero muy pequeña.

Mientras estaba en Tiquicia debía cumplir con ciertas responsabilidades que eran parte del programa, una de ellas era asistir a clases semanales donde se preparaba al candidato para cumplir con sus deberes como asistente de español. En dichas clases conocí a este individuo de piel blanca, alto y pelo café, muy callado por cierto. Creo que entre él y yo no dijimos ni una oración completa durante el curso. En fin, nos llevábamos bien y desde Costa Rica habíamos quedado en algún momento vernos en Francia. Resulta que Roberto conocía a la otra persona que vivía en el apartamento Ronald. Justamente ese mismo día él venia llegando del sur de Francia donde había pasado dos semanas visitando unos amigos o familiares.

  • ¿Diay? ¿Qué está haciendo usted aquí?
  • Lo mismo le pregunto yo a usted güevon!, ¿todo bien?, le pregunté

No hay nada mejor que llegar a un lugar nuevo y ver caras conocidas. A Gustavo, Roberto y a mi no se nos pasaba el asombro. Asombro, que no sería el último durante mi estadía en el país europeo. Lili en ese momento andaba trabajando; larga historia que contar aquí, pero básicamente Lili y yo fuimos pareja durante casi cinco años. Uno o dos años antes de que ella se viniera a vivir a Francia terminamos. Desde antes de salir de Costa Rica muchos pensaban que yo venia a Francia por ella, por conquistarla nuevamente.  A lo mejor como mi madre tenían la esperanza de que hubiera algún tipo de re-encuentro amoroso. Esperaban que pasara como en las películas donde renace el amor (de pareja) y termina la historia en un final feliz (así es como termina, en un final feliz, pero no juntos, pero eso es tema de otra entrada). En ese momento mi corazón estaba puesto en otra persona. Igual no podía dejar de sentir algo en el estomago a pesar de mi supuesta seguridad, pero, ¿cómo interpretarlo? Lo mejor es no prestar atención.

En cierto momento de silencio se escuchaba los pasos de alguien subiendo las gradas de madera, se abría la puerta y ella entraba. Bien abrigada vestida de negro, nos abrazamos en silencio y la mas minima incertidumbre o miedo en mi se desvanecía en el aire. Que bonito era verla de nuevo, a los dos. Ahora me sentía mas seguro, mas tranquilo. Pasamos un rato mas hablando, yo les contaba de la travesía hasta ese momento, de cómo casi me detienen en Venezuela, mi desesperación por llegar y claro de las maletas extraviadas y el maletín que dejé perdido.

Gusten debía irse para el trabajo, no sin antes ofrecernos a Roberto y a mi un pequeño tour…

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