27.10.12

El primer fin de semana...


Ropa limpia

Por fin la maleta llegaba a su destino. Una llamada del día anterior me dejaba saber que hoy domingo me la traerían. Así fue, temprano en la mañana estaba el joven vestido con ropa de particular tocando el timbre de la entrada principal solicitando a “Monsieur Víquez”. Ya voy “pa´bajo” le dije felizmente, no me entendió. Firmé el comprobante de entrega y se marchó sin mirarme a los ojos. Ya tenía mis pertenecías en mis manos y podía salir del pantalón caqui de cuatro días, y lo mejor de todo, boxers limpios.


Gatonés (Chatnés)

Gusten y Ronald nos querían invitar a comer, salir. Un restaurante chino que estaba a unos pasos del apartamento fue el escogido. Siempre pensé que el primer lugar donde comería sería un autentico restaurante francés, pero claro uno no se puede dar el lujo de pedir gustos ni mucho menos rechazar una invitación, es una falta de cortesía.

Muy bonito el lugar, bien decorado, cómodo, las ventanas parecían cuadros recién pintados mostrando la vida de las calles parisinas, en otras palabras, las ventanas no tenían pintado el menú completo, como suele suceder en muchos restaurantes, que por alguna razón piensan que por pintar un arroz con algo que parece carne o una taza con sopa de “mondongo” van a atraer a los clientes que nunca han atraído. Verdaderamente el restaurante de este chino estaba bonito, una decoración muy sencilla pero directa a la admiración visual, alguien se tomó el tiempo y pensó en el efecto cautivador para el ojo.

Me topé con un dilema, qué pedir. No sólo apenas tenía menos de 48 horas de haber llegado, si no que el bendito menú estaba en francés, claro, más que obvio que así fuese. Por otro lado la vergüenza de preguntar a los residentes parisinos, de años ya, una breve descripción de cada plato. Decidí primero buscar algo familiar, por lo menos reconocía palabras como arroz, pollo, cerdo, res. Aquí lo más seguro es pedirse un arroz cantonés que viene con todo. Cuando le dije a Gusten lo que pediría, me vio con cara de “¡usted no sabe lo que está pidiendo!” y me preguntó ¿usted ha pedido el arroz cantonés aquí en Francia? La respuesta claro que negativa, me dejaba confundido y nervioso. Habré metido la pata en asumir que un cantones, sería como en Tiquicia. Gusten no me quiso responder el porqué de la pregunta, simplemente dijo con una media sonrisa, “tranquilo usted pídalo nada mas”. Tragué grueso y esperé que el chino saliera con la cabeza del gato en medio plato y sus colmillos apuntando hacía mí. Cuando se abrieron las puertas de la cocina, no vi cabeza en el plato, pero tampoco vi el típico color oscuro del cantonés tico-chino. El arroz cantonés en Francia es arroz al vapor, blanco, con petite pois y zanahoria en trozos. Gusten solo se reía al ver mi cara de ¡WTF, CCP!

Perdido(s)

Roberto quería ir por unas entradas para el concierto de Israel Vibration. Se presentarían, en Paris claro, hacía el este de la ciudad. Territorio desconocido para él y para mí también. Un mapa del metro es todo lo que se necesita para ubicarse, todas las calles bien rotuladas con sus respectivos nombres y bien visibles, los edificios enumerados pares por un lado impares al otro, no hay como perderse, ¿cierto? Pues, no. Tomamos el metro y la salida correcta. Caminemos hacía allá, vamos por aquí a ver que, a lo mejor es por ese otro lado. Caminamos al lado de un parque donde la gente hacía ejercicio. Entramos a un lugar donde estaban dando clases de dressage y estoy seguro que la gente al vernos entrar, pensaron, “estos dos deberían estar ya ensillados y listos para salir”

Un buen tiempo después logramos dar con el lugar designado para llevarse a cabo el concierto. ¿Tiquete? Listo. Ahora, ¿cómo regresar al apartamento? 

¡Aló, mae estamos perdidos!
 
- Por el mismo camino.
- ¿Está loco? Yo no quiero entrar en ese “chante” de caballos otra vez.
- Diay mae, ¿tons que hacemos?
- Busquemos un teléfono público y llamamos a alguien.


   
La pregunta que siempre hacen cuando uno está perdido, ¿adonde están? ¿Cómo contestar? Por algo se está uno perdido. Busquen el metro es lo mejor que les puedo decir, pregunten a alguien en la calle. 


Le Château Vincennes
En estos momentos se da uno cuenta de la amabilidad que tenemos los ticos, cuando se nos pregunta por alguna dirección, aunque no sepamos contestamos algo relacionado a una pulpería, cantina o siga recto hasta topar con cerca. Aquí es casi imposible que la persona se detenga tan siquiera a verle a uno la angustia en los ojitos bien abiertos, como el gato de Shrek. Claro no se debe generalizar, pero si.

Perderse no está tan mal, la verdad, se pueden conocer lugares inimaginables. Le Parc Floral de Paris, Château de Vincennes y claro, un centro hípico…para caballos.


Le Château Vincennes


Le Parc Floral De Paris

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