13.8.11

Ella

No puedo hablar de mi viaje a Francia sin mencionarla, sin poner en papel lo que ella llegó a significar para mí. Cuanto se metió en mi vida, me cambió, me hirió, cuanto la quise, amé.

Ella me habló por primera vez el 23 de junio del 2007, mientras estábamos en el trabajo. Yo antes le había hecho un comentario sobre su cabello, a lo que respondió con una mirada que decía: “¿Y quién le preguntó?. La verdad ella me atrajo desde la primera vez que la vi, pero nunca habían intentado hablarle, estaba esperando noticias de Francia y no quería intentar empezar nada con nadie a parte de que con una mirada a así mata cualquier intento.

Ese sábado fue ella quien inicio la comunicación, puso su dedo indice perpendicular a sus labios y shhhhhhhhhh!!! No haga tanta bulla. Reí. A partir de ahí nos vimos un poco mas seguido en el trabajo e intercambiamos comentarios, anécdotas, gustos, música, números de celular. Ella se mostraba cada día mas interesada en mi vida y yo en la de ella.

Ante mis ojos ella es hermosa, piel morena, pelo finamente rizado como buena mulata, de padre negro y madre morena. Ella tenia en su ser una libertad que hoy me parece fue una de sus cualidades que mas me cautivó. Su sonrisa era bella y se le veía feliz muy seguido, inclusive hasta cuando se enojaba, porque después de fruncir el ceño se le cerraban los ojos y dejaba ver sus dientes blancos.

Lo normal cuando dos personas se llevan bien, se atraen, nace y desarrolla una relación. La conquista diaria, apertura del alma, enojos, manejo de situaciones nuevas, cenas, besos, abrazos, helados, historias…compartir. Como dos cuerpos celestiales atraídos por sus gravedades, halándose cada vez mas cerca uno del otro destinados para unirse en un mismo mundo o colapsar y formar un hoyo negro.

Esa tarde del 20 de julio la llamé y le dije que iría por ella a la parada para hablarle sobre la noticia que acababa de recibir. Así lo hice, la vi bajarse del bus, venia de visitar a su papá. Al acercarme la abrace muy fuerte sin decirle nada. Para mi fue un largo camino de regreso hasta su apartamento.

Entramos a su cuarto y ella se acostó, yo me senté a su lado y mirándola a los ojos le dije sobre la llamada y mi pronta partida. No decía nada, solamente me escuchaba detenidamente. Después de decirle lo mucho que ella significaba para mi, le dije lo siguiente:

“Yo sé de lo que soy capaz, este sueño que Dios me está regalando no lo puedo dejar pasar. Sé que eres un regalo también y que difícil tener que escoger. Le pido a Dios que me de la fuerza para ir y venir que esto que siento por ti no cambie. No lo puedo jurar, no sé que hay al voltear la esquina. Pero si puedo intentarlo, no dejar morir lo que siento hoy. No te quiero tener amarrada y esperando por algo que a lo mejor podría no regresar. Tomemos una decisión los dos, yo puedo seguir a pesar de la distancia y si algo llega a cambiar te lo digo. Yo quiero seguir contigo. Tu escoges y entiendo si no deseas seguir adelante y prefieres terminar hoy.”

Esos segundos que espere para escuchar su respuesta fueron minutos que se tornaban en horas, en realidad no estaba preparado para ninguna respuesta que ella me fuese a dar.

“Eres lo mas bello que me ha pasado y aquí estaré para cuando regreses... seguimos”

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