31.7.11

No voy a Francia...

El camino puede ser largo o corto, recto o con curvas. Iluminado, oscuro, de subida o bajada. El camino puede ser de colores o bien puede detenerse abruptamente; pero al final el camino será como quien lo recorre quiere que sea…

Se dice que uno no debe nunca mirar hacia atrás, yo creo que si se debe. Se mira para reconocer el camino recorrido, recordar los días de lluvia, los soleados, los nublados, las mañanas, las noches, los atardeceres y los amaneceres.

Hay caminos que deseo recorrer una y otra vez, este es uno de ellos…

En mi primer año de colegio, allá por 1990, llevaba el curso de francés con el profesor que merecidamente le decían el Pingüino, esto por el leve balanceo de un lado al otro cuando caminaba y claro el paraguas que siempre andaba aunque fuera verano. Luego las clases de francés con un profesor particular, creo que no me iba muy bien en clases.

Luego llevé un año de francés mientras viví en Estados Unidos. La profesora para mi era todo lo que una mujer francesa debía ser, elegante, seria, de buen hablar, correcta, estricta. Ella respiraba, olía y comía Francia. De vez en cuando narraba sus historias de cuando estuvo allá y cerraba los ojos, yo me imaginaba que ella volaba por esas calles de las que tanto habló, ciudades, comidas y postres que deleitaba, se reflejaba en su cara la felicidad de vivir de nuevo todo en su mente.

Años más tarde tomé un curso conversacional en el TEC (Instituto Tecnológico Costarricense), primer nivel cursado con muy buena nota. El segundo nivel nunca vio la luz por falta de gente, en otras palabras solamente yo matriculé.

Hice otro intento en un curso conversacional, pero esta vez en la UCR (Universidad de Costa Rica). Aquí fue donde conocí del programa que ofrece la Embajada de Francia, trabajar en Francia como asistente de profesor en español.

Después de conocer los requisitos casi desistí de postularme; pero mi mejor amiga… bueno, digamos que aparte de regañarme me obligó a hablar con la coordinadora del programa, Yadira Vargas y explicarle que no cumplía con varios de los requisitos. Al verle su respuesta fue: ¡Postule, nada pierde con intentar! Así lo hice.

Una vez entregada la solicitud de postulación al programa seguía la entrevista. La cual se llevaba a cabo en francés y español. Recuerdo que ese tan esperado día llegué media hora antes para acumular todos los nervios posibles (masoquismo). El cómodo sillón donde estaba sentado me parecía ser de piedras. Cuando fui llamado creo que se me bajó la presión y comencé a ver doble. No tengo recuerdo alguno una vez que pasé la puerta de la oficina donde estaban mis dos entrevistadoras, es como una laguna mental de talvez media hora de mi vida que se esfumó, se perdió.

Meses después me encontraba completando un expediente, en francés y a mano. Debí haber gastado medio salario de una semana sacando fotocopias que llenaba una y otra vez asegurándome de no cometer error alguno. También necesitaba la carta de recomendación de dos profesores de francés, claro indicando que tenía el nivel para poder ir; conseguí tres. El día anterior a la fecha limite estaba entregando mi “dossier”. No tenía mas tiempo para corregir algún error o traer algún documento faltante. Yadira revisaba minuciosamente cada hoja, cada espacio en blanco a completar. De las dos cartas de recomendación que entregué una venia sin la firma de la profesora, de no haber tenido la tercer carta habría perdido mi oportunidad ese año de participar. Mi dossier iba en camino a Francia a ser evaluado y asignado a una academia donde estaría trabajando de asistente de un profesor.

En el 2007 Francia estaba en transición, Nicolas Sarkozy tomaba las riendas del país y con ello hacia cambios. De los 41 ticos escogidos el año anterior había que eliminar a 11, yo fui uno de los escogidos. Días después recibí el correo donde se me indicaba que debido a recorte de candidatos no podría ir ese año con el grupo costarricense a Francia.

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